sábado, 31 de mayo de 2025

Soneto al alma que no despertó

Tan breve fue su paso por la vida,  
un soplo, apenas sueño en primavera,  
dejando en su partida tan severa  
la sombra de una luz desvanecida.  

Jamás sus manos rozarán la aurora,  
ni el aire tibio de un hogar querido,  
su voz será un murmullo desprendido  
que entre los ecos del dolor implora.  

Y aquí me quedo, náufrago en su ausencia,  
un alma rota, un llanto sin consuelo,  
mirando el tiempo arder en su sentencia.  

Si el mundo le negó su azul y cielo,  
que al menos mi tristeza en su presencia  
le erija un canto eterno sobre el suelo.


Letras oscuras 
Sakul NSONO

Destierro de las silabas

Caí en un reloj que nunca había nacido,  
donde el tiempo es un pájaro que se olvida de volar,  
y el silencio cruje como un vidrio roto en la boca del viento.  

Las palabras naufragan en mares sin nombre,  
las vocales se enredan en nudos de fuego,  
y la noche se viste con las cenizas de la voz.  

¡Quién sopla el eco que no existe!  
¡Quién pinta las sombras del aire!  
Las estrellas giran sin rumbo en los labios de un dios extraviado.  

Caigo, caigo, caigo,  
mi paracaídas es una lágrima que nunca tocó el suelo,  
mi alfabeto es un grito que aún no ha despertado.  



Letras oscuras
NSONO 

Caída infinita

Nací en el filo de un relámpago azul,  
cuando el cielo titubeaba entre ayer y nunca,  
y mi sombra se deslizaba por los rincones de la duda.  

Subí al vértice de un sueño oxidado,  
las palabras se despeñaron en el abismo del eco,  
la luna dibujó un esqueleto en la nada.  

¡Oh vértigo! ¡Oh voz sin labios!  
Las sílabas tiemblan en el horizonte abierto,  
los relojes han olvidado su latido.  

¿Quién canta en los huesos del viento?  
¿Quién sopla el polvo en los párpados de Dios?  
Mi paracaídas desgarra la piel del infinito,  
caigo, caigo, caigo…  
hasta que el verbo me consuma.  


Letras oscuras
NSONO 

lunes, 26 de mayo de 2025

La balada del callejón

En la sombra de la urbe cruel,  
donde ruge el hambre y el sol no arde,  
con el filo presto y el pulso fiel,  
nadie manda, nadie es mi baluarte.  

No temo ley, ni juez, ni horca,  
ni uniforme, ni cruz de azar,  
que mi suerte la forjan manos  
curtidas en noches sin descansar.  

Mi mundo es el callejón oscuro,  
sin rey, sin ley, sin juramento,  
mi patria es la furia del muro  
y mi credo, el eco del viento.  

A hierro y fuego se labra el destino,  
sin dueño que dicte su fin,  
pues la vida se juega al peligro  
y el mañana es un sueño sin raíz.  



Luis NSUE MIA 
Almas rebeldes 
Letras oscuras
 

Canto de los héroes

En selva bravía, tronando lamentos,  
tejió la leyenda su fiera estandarte,  
Nzé Medang ruge con ímpetu lento,  
fulgor en su lanza, temblor en su parte.  

La noche, testigo de horrores sangrientos,  
retira su sombra con paso distante,  
que surge Akoma, furioso, violento,  
con bronce en su mano, su furia apremiante.  

El río susurra secretos dormidos,  
las bestias lo oyen, lo sienten, lo temen,  
pues Nsi lo guarda en peñascos heridos,  
su canto es de piedra, su furia sostienen.  

Nzé alza su hierro, combate las sombras,  
Akoma le sigue, quebrando la brisa,  
del monte Sî surgen los bravos que nombran  
sus nombres en fuego, su sangre en ceniza.  

Eyong les bendice con filo en las manos,  
les da de su río la ira sagrada,  
sus ojos relucen cual luces arcanos,  
sus pasos resuenan cual trueno en la nada.  

La selva retumba con gritos y guerra,  
las bestias antiguas reclaman su hora,  
Nzé, como trueno, su lanza destierra,  
Akoma, cual rayo, su filo devora.  

Bajo la selva donde el Nsi reposa,  
se alza el misterio de fuego y presagio,  
allí los guerreros, de estirpe grandiosa,  
forjan su destino con rito y coraje.  

El monte Sî llama con voz tormentosa,  
Eyong les susurra en viento salvaje,  
Nzé y Akoma, con furia gloriosa,  
besan la tierra en solemne homenaje.  

Las llamas reviven el pacto sagrado,  
los cuerpos se ciñen de oscuro carbón,  
los dioses observan el fuego dorado,  
la sangre en la roca es rojo blasón.  

Nzé alza su brazo con hierro encendido,  
Akoma responde con filo de luna,  
sus nombres resuenan en monte prohibido,  
su grito es relámpago, su furia, fortuna.  

Mas surge del río la sombra olvidada,  
Maséi despierta con dientes de roca,  
su piel es espanto, su voz es nevada,  
su ira es estruendo que el bosque sofoca.  

Nzé ruge alto, su lanza centella,  
Akoma resiste con llama de oro,  
Eyong les ampara con férrea doncella,  
las sombras del río sucumben al coro.  

Así con su brío forjaron la historia,  
Nzé con su trueno, Akoma con luz,  
sus nombres cincelan la selva en memoria,  
su canto es eterno, su paso es su cruz.  

El río se agita con furia y con miedo,  
la sombra de Maséi crepita en la bruma,  
su aliento es veneno, su cuerpo es de enredo,  
su grito es relámpago, su fuerza, negrura.  

Nzé no vacila, su acero fulgura,  
cual rayo en la noche, la lanza destierra,  
Akoma lo sigue, su filo apresura,  
con danza de sangre retumba la guerra.  

Maséi ruge airado, con garras de roca,  
sus dientes son filo de antigua tormenta,  
los héroes resisten, la sombra sofoca,  
más densa que niebla, más cruel que osamenta.  

Nzé enciende el aire con fuego en su mano,  
su brazo se extiende con ira bendita,  
Akoma avanza con paso insano,  
su espada reluce cual luna infinita.  

Maséi se retuerce, sus grietas supuran,  
sus gritos en selva se tornan lamento,  
Eyong, en el viento, su furia apresura,  
con truenos sagrados retumba el momento.  

Las bestias despiertan, el monte responde,  
la selva se pliega, la sombra se quiebra,  
Maséi retrocede, su grito se esconde,  
su reino de miedo sucumbe en la guerra.  

Así en la batalla forjaron su estirpe,  
Nzé con su trueno, Akoma con luz,  
sus nombres retumban, su sangre es su insignia,  
su paso es eterno, su canto es su cruz.  

Maséi, en su agonía, retuerce su espanto,  
su sombra se ahoga, su furia se quiebra,  
sus gritos resuenan cual ecos de llanto,  
su cuerpo en la tierra en ruinas se entierra.  

Nzé, victorioso, su lanza levanta,  
Akoma con sangre su acero reluce,  
la selva, rendida, con truenos les canta,  
Eyong les observa, su juicio conduce.  

Mas lejos, oculto en los vientos del Nsi,  
se escucha un presagio, retumba un destino,  
las almas que yacen en monte Sî  
reclaman el precio de su hondo camino.  

Nzé siente el peso del pacto sagrado,  
su sangre, en la roca, es brasa encendida,  
Akoma en su pulso percibe el legado,  
su gloria es su cruz, su guerra es su vida.  

Los dioses no dejan que el hierro se duerma,  
Eyong los reclama con voz infinita,  
Nzé, con sus ojos, contempla su yerma,  
Akoma lo sigue con alma marchita.  

La selva los llama, los vientos los cubren,  
sus sombras se funden con Nsi y sus mares,  
sus nombres se graban, sus glorias relucen,  
mas nunca regresan de oscuros umbrales.  

Así, con su brío, forjaron su estirpe,  
Nzé con su trueno, Akoma con luz,  
sus nombres retumban, su sangre es su insignia,  
su paso es eterno, su canto es su cruz.  


Luis NSUE MIA 
@nsuemia.
nsuemia@gmail.com

Sin palabras que expresen mi tristeza.

Sin palabras que expresen mi tristeza,  
se ahoga en silencios mi alma marchita,  
buscando consuelo, mas todo es ceniza,  
perdida en la sombra de vana certeza.  

Las horas se tiñen de luto y enredo,  
mi pena se extiende como hiedra oscura,  
y en su laberinto, mi sangre murmura  
el eco doliente de un viejo recuerdo.  

Mas surge en la brisa un tenue murmullo,  
susurros de vida que rompen mi duelo,  
esquirlas de luz en el aire repullo.  

Tal vez en el alba despierte el anhelo,  
y el llanto se vuelva radiante arrullo,  
un canto que lleve mi pena al desvelo.  


viernes, 23 de mayo de 2025

MBAÑE

El sol agonizaba sobre la bahía de Corisco, desangrando su luz entre las aguas que habían sido testigos de siglos de disputas. Allí, en la pequeña isla de Mbañe, dos hombres esperaban en silencio el desenlace de una batalla que no se libraba con armas, sino con palabras escritas en tratados y alegatos.  

Elián, pescador ecuatoguineano, deslizaba sus manos curtidas por la cuerda de su red. Su abuelo le había contado historias sobre los días en que estas aguas eran indiscutiblemente suyas, cuando los españoles trazaron fronteras que años después serían olvidadas por la codicia del petróleo y el poder.  

A unos pasos, Matéo, soldado gabonés, ajustaba su rifle con movimientos mecánicos. No porque esperara usarlo, sino porque le daba algo que hacer mientras la incertidumbre pesaba sobre su espalda. Desde niño había escuchado que Mbañe pertenecía a Gabón, pero en las noches más tranquilas, entre el rumor de las olas, siempre se preguntó si la tierra podía realmente pertenecer a alguien.  

—Dicen que hoy la Corte Internacional de Justicia decidirá—murmuró Elián, sin mirarlo.  

Matéo exhaló con pesadez. La tierra no decide quién la pisa, pensó, pero no lo dijo.  

El viento trajo la noticia como una sentencia tallada en el aire: Guinea Ecuatorial había ganado la disputa.

Hubo un instante suspendido en el tiempo. Elián cerró los ojos, sintiendo que su abuelo, su padre y todos los pescadores antes que él celebraban en ese mismo momento, en alguna parte más allá del horizonte. Matéo, en cambio, sintió un vacío extraño, una especie de derrota que no tenía bandera ni odio, sino el peso de una historia que nunca había sido suya.  

Se miraron por primera vez en toda la tarde. No había resentimiento, solo la certeza de que, pase lo que pase, el mar seguiría siendo libre.  

—El agua nunca nos separó—susurró Elián.  

Matéo asintió. Y sin decir más, dejó que las olas le mostraran el camino de regreso.  


Lucas sakul NSONO

Tú, a quien en mi rindo culto

Tú, a quien en mí rindo culto. Ser a que acudo cuando mi alma perdida, deambula. Eres faro en la penumbra, voz que me nombra en silencio, pu...