jueves, 30 de abril de 2026

Entrevista a concepción Abuy NZE OYANA, escritora Ecuatoguineana.


Concepción Abuy NZE OYANA, conocida artísticamente como Cano, es una escritora, poeta y artista guineoecuatoriana nacida el 10 de marzo de 2004 en Mbini. Su obra se caracteriza por una voz íntima, reflexiva y profundamente comprometida con su entorno.

En 2025, obtuvo el segundo puesto en poesía en el Certamen Miguel de Cervantes, organizado por la institución AEGLE, con su poema “Ecos de lo inconfesable”. También fue reconocida por su obra “Bata en llantos”, premiada como Mejor Poema en Homenaje al 7M por Aula Poética.

En 2026, amplió su trayectoria literaria con la publicación de dos libros: Espectros internos y Lágrimas y cenizas, consolidando su voz dentro del panorama literario emergente.

Comprometida con el desarrollo cultural de su país, forma parte activa de la Plataforma Aula Poética, espacio donde impulsa la creación joven. En el ámbito escénico, ha colaborado con las compañías teatrales Biyeyema y Ecua Vine, participando en obras como “Me vendió” y “Si Lucía no fuera tan niña”. Su trabajo más reciente sobre las tablas incluye la obra teatral “Rokobongo”, reafirmando su presencia en la escena contemporánea.

Cano también ha recibido formación en canto, teatro y expresión corporal con artistas como Russo Nnandong, Marcelo Ndong, Gorsy Edú y Astrid Jones. Su enfoque multidisciplinar le permite transitar con naturalidad entre la literatura, el arte escénico y el audiovisual, consolidándose como una de las voces jóvenes más prometedoras de la literatura ecuatoguineana contemporánea.

- ¿Qué la impulsó a escribir “Lágrimas y cenizas”?

— Me impulsó la necesidad de no olvidar. El 7 de marzo no fue solo un hecho trágico, fue una ruptura en la vida de toda la gente de la ciudad. Sentí que el silencio no era una opción, y que la escritura podía ser una forma de conservar lo vivido, de darle voz a lo que muchas personas no podían expresar.

- ¿Cómo vivió personalmente los sucesos del 7 de marzo en Bata?

— Lo viví desde la conmoción, el miedo y la incredulidad. Fue un momento en el que todo estaba bien hace un minuto y al otro la normalidad y la calma que antes reinaba desapareció de golpe. Me recuerdo llorando junto con mi madre y mis hermanitos, porque las bombas volaban justo por encima de nuestra casa. Parecía que en cualquier momento seriamos los próximos en sufrir la colisión de uno de esos explosivos sobre nuestras cabezas, y morir. Fue un momento en el que todo se sentía tan frágil, ya nada era seguro. Ni siquiera de saber si sobreviviríamos.

- ¿Qué papel cree que tiene la literatura en la memoria colectiva de una tragedia?

— La literatura tiene la capacidad de humanizar los hechos. No se limita a contar lo que pasó, sino que permite entender como se sintió. En ese momento se convierte en una herramienta fundamental para la memoria colectiva, porque preserva no solo los acontecimientos, sino también las emociones, las heridas incluso el silencio.

- ¿Cómo estructuró el libro para narrar un acontecimiento tan doloroso?

— Decidí no abordarlo como una crónica lineal, sino como una reconstrucción desde lo cotidiano. El libro esta organizado a través de tres historias que comienzan desde la normalidad y terminan en tragedia, mostrando ese contraste brusco que definió aquel día. Esa estructura permite al lector acercarse poco a poco al impacto real de lo que sucedió.

- ¿Qué fuentes utilizó: testimonios directos, experiencias propias, investigación documental?

— El libro se nutre de una combinación de todo: Experiencias propias, observación del entorno, testimonios y sobre todo la imaginación, que es lo que les dio vida a los personajes, y sus experiencias antes de su resultado final y al de sus familias.

- El título “Lágrimas y cenizas” es muy simbólico. ¿Qué significa para usted?

— Aunque el titulo de la obra no es del toda mi autoría, al leerlo considero que representa dos dimensiones de la tragedia: las lágrimas son el dolor humano, la impotencia, fragilidad y el miedo, que se hace visible de manera inmediata. Las cenizas, en cambio, son lo que queda después: la destrucción, la pérdida. Donde antes había vida en ella solo quedan escombros. Es un título que resume tanto el impacto emocional como las consecuencias físicas de los ocurrido.

- ¿Qué historias individuales quiso rescatar en la obra?

  — Las historias no estaban previamente definidas, fueron surgiendo de forma natural mientras escribía. Me enfoqué en lo cotidiano: personas que vivían un día normal, como quienes iban a visitar a sus familias, trabajaban en el mercado o cumplían su labor, como los policías.

Una de las realidades es más cercanas a mí, la del entorno del mercado, lo que me permitió escribir desde un lugar más auténtico. También quise entrelazarlas para mostrar cómo distintas vidas quedaron unidas por un mismo momento trágico, construyendo así una memoria colectiva.

- ¿Cómo refleja el impacto de la tragedia en las familias y en la comunidad de Bata?

— A través de las emociones y de los vacíos que deja. No solos se trata de lo que ocurrió en el momento sino de lo que permanece después: el duelo, la incertidumbre y el recuerdo constante de los que ya no están. La comunidad aparece marcada por una experiencia compartida que cambia la forma de ver el entorno y la vida.

- ¿Qué mensaje espera que los lectores reciban sobre la resiliencia y la solidaridad?

— Espero que comprendan que, incluso en medio del dolor existe una fuerza colectiva. La solidaridad y el apoyo mutuo fueron esenciales en esos momentos, la resiliencia no significa olvidar sino aprender a enfrentar el dolor, a convivir con lo ocurrido y seguir adelante sin borrar la memoria.

- ¿Cree que la literatura puede ser un espacio de duelo y sanación?

— Sí, absolutamente. La escritura permite procesar lo vivido, darle forma y sentido. Y la lectura, a su vez, permite a otros reconocerse en ese dolor. En ese intercambio, la literatura se convierte en un espacio donde el duelo puede expresarse y, a cierta medida, transformarse.

- ¿Cómo se relaciona su obra con otras narrativas sobre Guinea Ecuatorial y su historia reciente?

— Se inscribe dentro de una necesidad mas amplia de contar nuestras propias historias. Durante mucho tiempo, muchas experiencias han quedado y siguen quedando sin documentar desde una perspectiva interna. Esta obra es una aportación a esa memoria contemporánea, desde lo literario.

- ¿Qué importancia tiene dejar testimonio escrito para las generaciones futuras?

— Es fundamental, porque lo que no se escribe corre el riesgo de diluirse con el tiempo. Dejar testimonio es una forma de responsabilidad, de asegurar que las futuras generaciones comprendan lo que ocurrió y puedan aprender de ello.

- ¿Cómo ha sido la acogida del libro entre los lectores y la crítica?

— Ha sido una acogida muy emotiva. Muchos lectores han conectado con la obra desde una experiencia personal o cercana. Mas que una valoración técnica, lo que mas ha recibido son respuestas humanas, lo cual confirma que el libro ha cumplido su propósito.

- ¿Qué reacciones le han conmovido más?

— Las personas que se han sentido identificadas, o que han encontrado en el libro una forma de expresar algo que no sabían decir. Esas reacciones, sinceras y profundas son las que mas me han marcado.

- ¿Qué proyectos literarios o culturales tiene en mente después de “Lágrimas y cenizas”?

— Después de Lágrimas y Cenizas, mi intención es seguir explorando la escritura desde nuevos registros narrativos. Actualmente estoy desarrollando una novela afro futurística titulada Distopía, ambientada en una Guinea Ecuatorial en el siglo veintitrés profundamente transformada por la tecnología.

Se trata de una historia donde la tecnología y las nuevas estructuras de poder redefinen la identidad el territorio y las relaciones humanas. A través de este proyecto busco imaginar futuros posibles desde una perspectiva africana, cuestionando hacia donde vamos como sociedad, que estamos dispuestos a perder en el proceso, el poder inevitable y dependiente de la IA sobre la vida humana.

Además, continúo trabajando en otros proyectos literarios y culturales centrados en la memoria, la juventud y la expresión artística en nuestro contexto.


martes, 17 de febrero de 2026

La verdad fragmentada: la mujer, la iglesia y el dinero


Salvador José BEE ELO BECHENG nació en Akelayong Mbam, distrito de Akurenam, provincia de Centro Sur (Guinea Ecuatorial). Estudió en el prestigioso instituto Dr. Rafael María NZE ABUY de Ebibeyín. De ahí surge su pasión por la literatura, siendo galardonado en un primer certamen interescolar con el poema «Halagos», como el mejor poeta del distrito. Más tarde se licenció en Sociología por la Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial (UNGE). 

La obra TODA LA VERDAD EN HISTORIAS CONTENIDAS EN HISTORIAS DE TODA LA VERDAD surge a raíz de las historias que su madre solía contarle antes de irse a la cama, que han sido tomadas por el autor para reivindicar y promover la valoración de las tradiciones africanas en contextos dinámicos y globales; por eso es calificado como buscador del conocimiento y de la verdad.

La verdad fragmentada: literatura y sociedad en Guinea Ecuatorial

La literatura ecuatoguineana contemporánea se ha convertido en un espacio de resistencia cultural manifiesta. En un país donde las la mezcla cultural y las distintas visiones sociales, políticas y culturales atraviesan la vida cotidiana, la palabra escrita es considerada un instrumento de aprendizaje y de búsqueda de sentido. Salvador José Be Elo Becheng, sociólogo y escritor, se suma a esta corriente con su obra “Toda la verdad en historias contenidas en historias de toda la verdad”, un título que ya anuncia la complejidad de su propuesta: la verdad no es única, sino múltiple, fragmentada y contenida en relatos que se entrelazan.  

El libro refleja tres pilares de la realidad ecuatoguineana: la mujer, las iglesias y el dinero. La mujer aparece como símbolo de dignidad y resistencia, pero también como víctima de desigualdades persistentes. Las iglesias, instituciones centrales en la vida comunitaria, son cuestionadas por sus contradicciones entre discurso y práctica. El dinero, por su parte, se convierte en metáfora del poder y la corrupción, mostrando cómo las relaciones humanas se ven atravesadas por la lógica mercantil.  

La propuesta de Be Elo Becheng no se limita a describir, sino que interpela. Su estilo coral y fragmentado recuerda a la tradición oral africana, donde las voces múltiples construyen un relato colectivo. Al mismo tiempo, su formación sociológica le permite articular un análisis crítico que trasciende lo literario y se convierte en testimonio escrita que se refleja en las pajinas de esta gran obra.  

Este ensayo narrativo se inscribe en una genealogía de escritores ecuatoguineanos que han utilizado la literatura como herramienta de transformación social. Desde Donato Ndongo-Bidyogo hasta las nuevas generaciones, la escritura ha sido un espacio para confrontar silencios, dignificar memorias y abrir caminos hacia la esperanza.  

En “Toda la verdad en historias contenidas en historias de toda la verdad”, la literatura se convierte en espejo y en denuncia. Es un recordatorio de que la verdad no puede ser monopolizada, que siempre habrá voces que reclaman ser escuchadas. En un país marcado la diversidad cultural y con una literatura joven, la obra de Salvador José Be Elo Becheng nos invita a pensar que escribir es también un acto social, una obligación de la ciudadanía que mínimamente ha rozado la verdad y un compromiso con la sociedad  sin discriminación.


Por: Lucas SAKUL NSONO

sábado, 10 de enero de 2026

La frontera

La frontera siempre fue un reflejo turbio del verdadero ambiente que se desarrolla aquí. Con sus calles polvorientas y su aire de tránsito y comercio perpetuo, me enseñó que la vida no se detiene en los muros ni en las rejas, sino que se filtra como agua entre las rendijas de la tierra. Desde que dejé el convento, mis pasos me trajeron aquí, a esta ciudad que respira en dos direcciones: hacia dentro y hacia fuera, hacia lo propio y hacia lo ajeno. Yo, a mis 78 años de vida, me siento como un pez fuera del agua al sentarme, ahora, en un banco de madera frente a la frontera observando cómo los comerciantes cruzan con sus mercancías, cómo los niños juegan entre las aceras, cómo las mujeres negocian con firmeza y dulzura. Todo parece cotidiano, pero para mí cada gesto es un recordatorio de lo que viví entre los muros del convento. Allí, el mundo estaba reducido a rezos, silencios y sombras. Aquí, en cambio, la frontera me devuelve la amplitud de lo humano, con sus contradicciones y su verdad desnuda.

Recuerdo las madrugadas en que la campana nos despertaba antes del amanecer. El aire frío se mezclaba con el olor a cera y a humedad. Caminábamos en fila hacia la capilla, con los ojos bajos, como si mirar demasiado pudiera ser pecado. El silencio era tan denso que parecía un segundo hábito sobre nuestros cuerpos. Y sin embargo, detrás de ese silencio se escondían voces, risas apagadas, secretos que nunca se decían en voz alta.

La frontera, pienso ahora, es también ese límite entre lo que se dice y lo que se calla. Entre lo que se muestra y lo que se oculta.

En kie osi, las abacerias y otras tiendas de comercio se levantan como insignias de un tiempo que no pasa. Los soldados vigilan los caminos, los comerciantes cruzan con sacos de hortalizas, ganado y telas brillantes, los jóvenes sueñan con escapar hacia un futuro que siempre parece estar del otro lado. Yo los observo y me reconozco en ellos: también yo viví atrapada en un espacio que me prometía salvación, pero que me negaba la libertad.

Cuando cierro los ojos, escucho todavía los rezos en coro, las letanías que repetíamos hasta que la voz se volvía mecánica. Pero junto a esos rezos, recuerdo los juegos que inventábamos para sobrevivir al tedio: pequeñas travesuras, gestos de complicidad, miradas que decían más que las palabras. Juegos que eran, en realidad, un modo de resistir.

Hoy, mientras escribo estas memorias, sé que mi voz no es solo mía. Hablo por aquellas que callaron, por aquellas que no pudieron salir, por aquellas que se quedaron atrapadas en la penumbra del convento. Esta ciudad fronteriza me ofrece el escenario perfecto: una ciudad que no pertenece del todo a nadie, que es tránsito y permanencia, que es herida y cicatriz al mismo tiempo.

Recuerdo una tarde en que, desde la ventana del convento, vi pasar una procesión en la ciudad. Los tambores resonaban, las mujeres bailaban con fuerza, los niños corrían detrás de los músicos. Yo los miraba con una mezcla de nostalgia y deseo. En el convento, la música estaba prohibida, salvo los cantos litúrgicos. Pero en la frontera, la música era vida, era resistencia, era celebración. Ese día comprendí que la frontera no era solo un lugar geográfico, sino un estado del alma.

Ahora, cada vez que camino por las calles de Ebibeyin, siento que estoy cruzando constantemente: del pasado al presente, del silencio a la palabra, de la obediencia a la libertad. La ciudad a la que hago referencia me recuerda que la vida es tránsito, y que mi historia no puede quedar encerrada en los muros de un convento.

No puedo negar lo que vi, lo que supe, lo que callé. Hubo momentos en que la inocencia se quebró, en que la fe se mezcló con la duda, en que la disciplina se convirtió en máscara de injusticia. No lo digo para escandalizar, sino para liberar. Porque la verdad, aunque duela, es la única forma de sanar.

En esta ciudad fronteriza, donde cada día es un cruce y cada noche un regreso, comienza mi relato. Yo, una monja retirada, me dispongo a contar lo que viví, lo que callé, lo que aprendí. La frontera será mi espejo, y en él se reflejarán las luces y las sombras de una vida marcada por la fe y por la duda.

El silencio era nuestra primera disciplina. No se imponía con látigos ni con gritos, sino con la fuerza invisible de la costumbre. En el convento, el silencio era una muralla más alta que cualquier muro de piedra. Nos envolvía como un hábito adicional, nos seguía como una sombra que nunca se apartaba.

Recuerdo las mañanas en que, después de la oración, caminábamos por los pasillos con los labios sellados. El eco de nuestros pasos era la única música permitida. El silencio se volvía tan denso que parecía tener peso, como si cada palabra no dicha se acumulara en el aire, presionando sobre nuestros hombros.

Había momentos en que deseaba gritar, aunque fuera una sola palabra, para romper aquella quietud que me ahogaba. Pero sabía que un grito sería un pecado, una traición al voto que nos mantenía unidas. Así aprendí a callar, a guardar dentro de mí las preguntas, las dudas y los recuerdos que me quemaban.

El convento estaba lleno de voces que nunca se escuchaban. Cada hermana llevaba dentro un mundo secreto: historias de infancia, heridas ocultas y sueños que se marchitaban en la rutina. Pero ninguna se atrevía a hablar. El silencio era la ley, y la ley era más fuerte que la verdad.

En las noches, cuando la campana marcaba la hora del descanso, el silencio se volvía más profundo. En la oscuridad, podía escuchar mi propio corazón latiendo, como si quisiera escapar de mi pecho. A veces, alguna hermana lloraba en su celda, pero lo hacía tan suavemente que sus lágrimas parecían parte del silencio mismo.

Con el pasar de los años, aprendí a leer las miradas, los gestos, los movimientos mínimos que revelaban lo que no podía decirse. Una inclinación de cabeza podía significar compasión. Un apretón de manos, solidaridad. Una sonrisa fugaz, resistencia. El silencio nos obligaba a inventar un idioma secreto, un idioma de cuerpos y de sombras. Pero el silencio también era cárcel. Nos impedía denunciar lo que sabíamos, lo que veíamos, lo que nos hería. Nos obligaba a aceptar lo inaceptable, a callar lo que debía ser gritado. El silencio era el pacto que mantenía intacta la fachada del convento, aunque detrás se escondieran grietas profundas.

Recuerdo una tarde en que una hermana joven fue reprendida por hablar demasiado durante las labores. La superiora la castigó con ayuno y oración. No era un castigo físico, pero era un recordatorio de que la palabra estaba prohibida. Desde entonces, aquella hermana apenas abrió la boca. Su voz se apagó, y con ella se apagó una parte de su espíritu.

El silencio era un sacrificio que nos pedían en nombre de la fe. Pero yo empecé a preguntarme: ¿qué fe se sostiene en el silencio impuesto? ¿Qué verdad necesita callar para sobrevivir? En Ebibeyin, la ciudad fronteriza, el silencio no existe. Aquí las voces se mezclan en el mercado, los tambores resuenan en las fiestas, los niños gritan en las calles. Aquí el bullicio es vida y la vida es libertad. Por eso, cada vez que escucho el ruido de la ciudad, siento que estoy recuperando las palabras que me fueron arrebatadas pese a mi avanzada edad.

Ahora, mientras escribo estas memorias, rompo el silencio que me acompañó durante tantos años. Cada palabra que pongo en el papel es un acto de liberación. Sé que no puedo cambiar el pasado, pero puedo nombrarlo. Y al nombrarlo, puedo darle un sentido nuevo. El silencio del convento fue mi cárcel, pero también fue mi escuela. Aprendí a escuchar lo invisible, a leer lo oculto, a comprender que detrás de cada silencio hay una historia que espera ser contada.

Hoy, en esta ciudad fronteriza, decido contar esas historias. Decido romper el pacto del silencio. Decido que mi voz, aunque temblorosa, será más fuerte que el miedo.



Letra de SAKUL NSONO 

miércoles, 7 de enero de 2026

Romance Africana, un rincón literario en el corazón de Guinea Ecuatorial

Descubra el nuevo rincón literario de Guinea Ecuatorial en la librería Romance Africano

El pasado 27 de diciembre de 2025, Romance Africaine celebró la gran inauguración de su sección Librería, un espacio único que abrió sus puertas en la tienda Casa Zahara, frente al colegio María Cano en Sampaka II.  

Romance Africaine ofrece un horario flexible para los amantes de la lectura. De 10:00 a 15:00, los visitantes pueden sumergirse en un catálogo vibrante que reúne:  

- Cómics en portugués, francés y español  

- Libros infantiles en inglés  

- Novelas juveniles, ensayos y poesía  

- La primera recopilación de relatos cortos de los autores de Romance Africano  

Entre los nombres destacados en esta velada, figuraban los colectivos y escritores locales como Hablamos Guinea y Cristian Eteo Botau, voces africanas que enriquecen la propuesta.  

La apertura contó con la presencia de la reconocida autora María Jesús Evuna Andeme, una joven voz referente de la literatura juvenil y fantástica, y promotora de la Semana del Libro y la Cultura en Guinea Ecuatorial.  

A través de su plataforma digital romanceafricaine.com, Romance Africaine reafirma su compromiso con la difusión de textos contemporáneos, permitiendo que lectores y autores conecten y compartan historias al instante.  

Todos los libros están disponibles para la venta. Este rincón no solo es un escaparate cultural, sino también una oportunidad para adquirir obras únicas y apoyar a los creadores locales.  

¿Eres autor o editorial?

Tu obra también puede formar parte de este proyecto. ¡Contáctanos y únete a la misión de dar visibilidad a la riqueza literaria de nuestra región y más allá!  

Póngase en contacto con nosotros a través de los siguientes contacto: 

Teléfono: +240 555 371 394 

Correo: laromanceafricaine@gmail.com

sábado, 1 de noviembre de 2025

¿Qué dices loco?

Lo trajeron una mañana sin sol, como si el cielo supiera que no merecía ceremonia. Flaco, con los ojos perdidos en algún lugar que nadie alcanzaba, caminaba como quien no espera nada. No saludó. No pidió nada. Solo se sentó en el rincón más oscuro del barracón y empezó a murmurar.  

—¿Qué dices, loco? —le preguntó un joven de 22 años, un ladrón de poca monta que cumplía condena por robo a mano armada. El tipo estaba más perdido que un fumador de iboga en su despertar matutino, tras las ceremonias y rituales de buti

—Estoy hablando con el aire. Él sí me escucha.  

Desde el primer día, supimos que no encajaba. No por su aspecto, sino por su lengua. No hablaba bien. O mejor dicho: hablaba demasiado, pero mal. Cada palabra suya era una piedra lanzada sin dirección. Grosero sin intención, ofensivo sin cálculo. Decían que no sabía razonar. Que no entendía las reglas. Que insultaba sin saber que insultaba. Pero yo, que lo observaba desde el catre de arriba, empecé a notar otra cosa.  

Su lengua era torpe, sí. Pero también era otra cosa. Un idioma que no cabía en los moldes del juez ni en los pupitres de la escuela. Una mezcla de proverbio, insulto y poesía rota.  

El comisario, un hombre de 57 años que hacía el papel del juez, lo llamó bestia y torpe, cuando lo juzgó en su pequeña oficina de la comisaría de Mondoasi.

Tras el improvisado juicio, fue trasladado a la cárcel pública, dónde los guardias lo golpeaban, no tanto por sus delitos, sino por su lengua afiliada. Los internos lo evitaban por miedo. Pero yo empecé a escribir lo que decía. Y descubrí que su locura era un idioma que nadie quiso aprender.  

Decían que en su juicio, no supo defenderse. Que cada palabra suya era una ofensa al comisario. Escuché a un guardia comentar a su compañero que el dijo: 

—Si me preguntan si robé, diré que sí. Pero si me preguntan por qué, tendrán que escuchar mi historia.  

Dicen que el ayudante del comisario se estalló en risas pero lo mandaron a callar de inmediato.  

El guardia repetía una y otra vez a su compañero que aquel joven era lo peor que uno podía encontrase en las calles de Bata. Comentó, finalmente, que lo condenaron por desacato, por grosero, por peligroso. Pero nadie escuchó su relato. Nadie leyó sus metáforas. Nadie entendió que su lengua no era arma, sino espejo.  No hubo un juez. No hubo un juicio, solo un comisario, un delito y una escusa.

Con él pasamos dos semanas y en una noche, se fue. Nadie sabe si lo trasladaron o si se evaporó. Solo quedó su catre vacío y una frase escrita con sangre en la pared:  

“No me entiendan”  


Historias jamás contadas 
Por: Sakul NSONO 
Bata: 6 de octubre 2025

martes, 28 de octubre de 2025

TERRAZA LITERARIA UN ENCUENTRO DE UNIÓN ENTRE AMANTES DE LA LITERATURA



UN REENCUENTRO MEZCLADO ENTRE TERROR, MIEDO Y LO DESCONOCIDO QUE REUNE A ESCRITORES, LECTORES Y AMANTES DE LA LITERATURA.

La Terraza Literaria es un espacio de lectura que reúne a los amantes de la literatura de la ciudad de Bata, un encuentro coordinada por la profesora Aurora, donde escritores y lectores comparten lo más íntimo de la magia literaria. Un espacio que tiene como única finalidad, promover la cultura literaria en la sociedad. 

Cumpliendo con la tradición, la filosofía de la que fue creada dicho espacio y la dinámica que ya caracteriza este encuentro literario, en la tarde del martes, 28 de octubre, se ha llevado a cabo la primera de las muchas sesiones de este nuevo ciclo académico.  

Cuando el reloj de la gran torre de Bata marcaba las 17 horas y los rayos del sol ardiente de la ciudad costera empezaban a iluminar las calles con menos intensidad de lo acostumbrado, anunciando de esta manera un atardecer sin tormentas ni lluvias, quince jóvenes de ambos sexos se han concentrado en la azotea del centro cultural de España en Bata para asistir al encuentro que ya tienen grabada en la piel. La temática de la tarde giraba entorno al terror, el miedo y/o lo desconocido. Durante las intervenciones de los lectores se han destacado obras como Frankenstein (Mary Shelley), Fin de curso (Mariana Enriquez), Variaciones sobre un tema dado (Ana Blandiana), La dama de la moneda (Noé), Desahogo (Urbano Nzambi), Obra (Pascual Ángeles Aguiles y Así soy yo (King Desy Esono). 

Todas estas obras, unidas por la temática, han infestado o creado una atmósfera de sensaciones grises, comentarios vivos, historias y sucesos jamás contados en público; pues, las obras encerraban temas de interés como los estereotipos, el yo interior, la avaricia, la desilusión, entre otros. 

La actividad llegaba a su fin con las intervenciones de los autores presentes, quienes han explicado los reales propósitos de sus obras como tono de aclaración a las dudas suscitadas en sus creaciones durante la lectura. Por último, las palabras de la profesora Aurora Reino, haciendo entrega de libros y bolsos con el sello de Terraza Literaria a los participantes, daba punto final a la primera terraza de este año escolar.



miércoles, 8 de octubre de 2025

Resistencia artística.

Resistencia Artística, un proyecto que convierte el cuerpo en archivo, en herramienta, en grito.

En los márgenes del asfalto y la memoria, en una finca de Bata donde el silencio aún guarda los ecos de danzas ancestrales, se ha gestado un movimiento que desafía la inercia cultural: Resistencia Artística, un proyecto que convierte el cuerpo en archivo, en herramienta, en grito. 
Durante los meses de diciembre y enero 2023/2024 respectivamente, artistas locales se reunieron bajo la guía del actor y rapero Russo Nnandong para explorar la creación desde lo corporal, lo ritual y lo comunitario. El proyecto, titulado “Creación del cuerpo reflexivo”, no fue un simple taller, sino una residencia viva, un laboratorio de pensamiento encarnado. Allí, la danza se entrelazó con la poesía, el teatro con la música, y la reflexión con el sudor. 
El objetivo era claro: profesionalizar a los artistas de Bata, no desde la imposición de modelos externos, sino desde la recuperación de sus propias raíces. Se trabajó con danzas patrimoniales de las distintas etnias de Guinea Ecuatorial en diálogo con la danza contemporánea. El resultado fue una pieza colectiva titulada “Resistir”, presentada públicamente como testimonio de un proceso que no busca la perfección, sino la verdad. 
Más allá de la escena, Resistencia Artística se proyecta como una serie audiovisual que documenta el proceso creativo, los desafíos y las voces que lo configuran. El capítulo piloto, disponible en YouTube, es una ventana a la intimidad de la creación, al pulso de una generación que no se resigna. 
https://www.youtube.com/watch?v=d-K2SJh6Vss&t=82s.

Este proyecto no es un evento aislado, sino parte de una corriente que recorre Bata como un río subterráneo: jóvenes que escriben, que bailan, que filman, que sueñan. Es la resistencia de quienes entienden el arte como herramienta de transformación, como espacio de encuentro, como acto político. 
En un país donde la cultura muchas veces se vive en los márgenes, Resistencia Artística es una afirmación: el cuerpo es territorio, la memoria es potencia, y la creación es un derecho.
Desde finales de dos mil veintitrés han trabajado en dos vertientes concretas la creación del cuerpo reflexivo y la incubadora musical siendo esta última, junto al Centro Cultural de España en Bata, creadores del Moa' Mboka Fest o dicho de otra manera, la fiesta de todos los hijos e hijas del pueblo. Una referencia en el panorama actual de Guinea Ecuatorial.

Resistencia Artística sigue, y actualmente está trabajando en un espectáculo interdisciplinar titulado “Volar” en el que aborda la temática de “Derecho Digital” una apuesta que pretende recorrer diferentes escenarios de la región continental en fechas próximas.







Entrevista a concepción Abuy NZE OYANA, escritora Ecuatoguineana.

Concepción Abuy NZE OYANA, conocida artísticamente como Cano, es una escritora, poeta y artista guineoecuatoriana nacida el 10 de marzo de 2...