En 2025, obtuvo el segundo puesto en poesía en el Certamen Miguel de Cervantes, organizado por la institución AEGLE, con su poema “Ecos de lo inconfesable”. También fue reconocida por su obra “Bata en llantos”, premiada como Mejor Poema en Homenaje al 7M por Aula Poética.
En 2026, amplió su trayectoria literaria con la publicación de dos libros: Espectros internos y Lágrimas y cenizas, consolidando su voz dentro del panorama literario emergente.
Comprometida con el desarrollo cultural de su país, forma parte activa de la Plataforma Aula Poética, espacio donde impulsa la creación joven. En el ámbito escénico, ha colaborado con las compañías teatrales Biyeyema y Ecua Vine, participando en obras como “Me vendió” y “Si Lucía no fuera tan niña”. Su trabajo más reciente sobre las tablas incluye la obra teatral “Rokobongo”, reafirmando su presencia en la escena contemporánea.
Cano también ha recibido formación en canto, teatro y expresión corporal con artistas como Russo Nnandong, Marcelo Ndong, Gorsy Edú y Astrid Jones. Su enfoque multidisciplinar le permite transitar con naturalidad entre la literatura, el arte escénico y el audiovisual, consolidándose como una de las voces jóvenes más prometedoras de la literatura ecuatoguineana contemporánea.
- ¿Qué la impulsó a escribir “Lágrimas y cenizas”?
— Me impulsó la necesidad de no olvidar. El 7 de marzo no fue solo un hecho trágico, fue una ruptura en la vida de toda la gente de la ciudad. Sentí que el silencio no era una opción, y que la escritura podía ser una forma de conservar lo vivido, de darle voz a lo que muchas personas no podían expresar.
- ¿Cómo vivió personalmente los sucesos del 7 de marzo en Bata?
— Lo viví desde la conmoción, el miedo y la incredulidad. Fue un momento en el que todo estaba bien hace un minuto y al otro la normalidad y la calma que antes reinaba desapareció de golpe. Me recuerdo llorando junto con mi madre y mis hermanitos, porque las bombas volaban justo por encima de nuestra casa. Parecía que en cualquier momento seriamos los próximos en sufrir la colisión de uno de esos explosivos sobre nuestras cabezas, y morir. Fue un momento en el que todo se sentía tan frágil, ya nada era seguro. Ni siquiera de saber si sobreviviríamos.
- ¿Qué papel cree que tiene la literatura en la memoria colectiva de una tragedia?
— La literatura tiene la capacidad de humanizar los hechos. No se limita a contar lo que pasó, sino que permite entender como se sintió. En ese momento se convierte en una herramienta fundamental para la memoria colectiva, porque preserva no solo los acontecimientos, sino también las emociones, las heridas incluso el silencio.
- ¿Cómo estructuró el libro para narrar un acontecimiento tan doloroso?
— Decidí no abordarlo como una crónica lineal, sino como una reconstrucción desde lo cotidiano. El libro esta organizado a través de tres historias que comienzan desde la normalidad y terminan en tragedia, mostrando ese contraste brusco que definió aquel día. Esa estructura permite al lector acercarse poco a poco al impacto real de lo que sucedió.
- ¿Qué fuentes utilizó: testimonios directos, experiencias propias, investigación documental?
— El libro se nutre de una combinación de todo: Experiencias propias, observación del entorno, testimonios y sobre todo la imaginación, que es lo que les dio vida a los personajes, y sus experiencias antes de su resultado final y al de sus familias.
- El título “Lágrimas y cenizas” es muy simbólico. ¿Qué significa para usted?
— Aunque el titulo de la obra no es del toda mi autoría, al leerlo considero que representa dos dimensiones de la tragedia: las lágrimas son el dolor humano, la impotencia, fragilidad y el miedo, que se hace visible de manera inmediata. Las cenizas, en cambio, son lo que queda después: la destrucción, la pérdida. Donde antes había vida en ella solo quedan escombros. Es un título que resume tanto el impacto emocional como las consecuencias físicas de los ocurrido.
- ¿Qué historias individuales quiso rescatar en la obra?
— Las historias no estaban previamente definidas, fueron surgiendo de forma natural mientras escribía. Me enfoqué en lo cotidiano: personas que vivían un día normal, como quienes iban a visitar a sus familias, trabajaban en el mercado o cumplían su labor, como los policías.
Una de las realidades es más cercanas a mí, la del entorno del mercado, lo que me permitió escribir desde un lugar más auténtico. También quise entrelazarlas para mostrar cómo distintas vidas quedaron unidas por un mismo momento trágico, construyendo así una memoria colectiva.
— A través de las emociones y de los vacíos que deja. No solos se trata de lo que ocurrió en el momento sino de lo que permanece después: el duelo, la incertidumbre y el recuerdo constante de los que ya no están. La comunidad aparece marcada por una experiencia compartida que cambia la forma de ver el entorno y la vida.
- ¿Qué mensaje espera que los lectores reciban sobre la resiliencia y la solidaridad?
— Espero que comprendan que, incluso en medio del dolor existe una fuerza colectiva. La solidaridad y el apoyo mutuo fueron esenciales en esos momentos, la resiliencia no significa olvidar sino aprender a enfrentar el dolor, a convivir con lo ocurrido y seguir adelante sin borrar la memoria.
- ¿Cree que la literatura puede ser un espacio de duelo y sanación?
— Sí, absolutamente. La escritura permite procesar lo vivido, darle forma y sentido. Y la lectura, a su vez, permite a otros reconocerse en ese dolor. En ese intercambio, la literatura se convierte en un espacio donde el duelo puede expresarse y, a cierta medida, transformarse.
- ¿Cómo se relaciona su obra con otras narrativas sobre Guinea Ecuatorial y su historia reciente?
— Se inscribe dentro de una necesidad mas amplia de contar nuestras propias historias. Durante mucho tiempo, muchas experiencias han quedado y siguen quedando sin documentar desde una perspectiva interna. Esta obra es una aportación a esa memoria contemporánea, desde lo literario.
- ¿Qué importancia tiene dejar testimonio escrito para las generaciones futuras?
— Es fundamental, porque lo que no se escribe corre el riesgo de diluirse con el tiempo. Dejar testimonio es una forma de responsabilidad, de asegurar que las futuras generaciones comprendan lo que ocurrió y puedan aprender de ello.
- ¿Cómo ha sido la acogida del libro entre los lectores y la crítica?
— Ha sido una acogida muy emotiva. Muchos lectores han conectado con la obra desde una experiencia personal o cercana. Mas que una valoración técnica, lo que mas ha recibido son respuestas humanas, lo cual confirma que el libro ha cumplido su propósito.
- ¿Qué reacciones le han conmovido más?
— Las personas que se han sentido identificadas, o que han encontrado en el libro una forma de expresar algo que no sabían decir. Esas reacciones, sinceras y profundas son las que mas me han marcado.
- ¿Qué proyectos literarios o culturales tiene en mente después de “Lágrimas y cenizas”?
— Después de Lágrimas y Cenizas, mi intención es seguir explorando la escritura desde nuevos registros narrativos. Actualmente estoy desarrollando una novela afro futurística titulada Distopía, ambientada en una Guinea Ecuatorial en el siglo veintitrés profundamente transformada por la tecnología.
Se trata de una historia donde la tecnología y las nuevas estructuras de poder redefinen la identidad el territorio y las relaciones humanas. A través de este proyecto busco imaginar futuros posibles desde una perspectiva africana, cuestionando hacia donde vamos como sociedad, que estamos dispuestos a perder en el proceso, el poder inevitable y dependiente de la IA sobre la vida humana.
Además, continúo trabajando en otros proyectos literarios y culturales centrados en la memoria, la juventud y la expresión artística en nuestro contexto.











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