sábado, 10 de enero de 2026

La frontera

La frontera siempre fue un reflejo turbio del verdadero ambiente que se desarrolla aquí. Con sus calles polvorientas y su aire de tránsito y comercio perpetuo, me enseñó que la vida no se detiene en los muros ni en las rejas, sino que se filtra como agua entre las rendijas de la tierra. Desde que dejé el convento, mis pasos me trajeron aquí, a esta ciudad que respira en dos direcciones: hacia dentro y hacia fuera, hacia lo propio y hacia lo ajeno. Yo, a mis 78 años de vida, me siento como un pez fuera del agua al sentarme, ahora, en un banco de madera frente a la frontera observando cómo los comerciantes cruzan con sus mercancías, cómo los niños juegan entre las aceras, cómo las mujeres negocian con firmeza y dulzura. Todo parece cotidiano, pero para mí cada gesto es un recordatorio de lo que viví entre los muros del convento. Allí, el mundo estaba reducido a rezos, silencios y sombras. Aquí, en cambio, la frontera me devuelve la amplitud de lo humano, con sus contradicciones y su verdad desnuda.

Recuerdo las madrugadas en que la campana nos despertaba antes del amanecer. El aire frío se mezclaba con el olor a cera y a humedad. Caminábamos en fila hacia la capilla, con los ojos bajos, como si mirar demasiado pudiera ser pecado. El silencio era tan denso que parecía un segundo hábito sobre nuestros cuerpos. Y sin embargo, detrás de ese silencio se escondían voces, risas apagadas, secretos que nunca se decían en voz alta.

La frontera, pienso ahora, es también ese límite entre lo que se dice y lo que se calla. Entre lo que se muestra y lo que se oculta.

En kie osi, las abacerias y otras tiendas de comercio se levantan como insignias de un tiempo que no pasa. Los soldados vigilan los caminos, los comerciantes cruzan con sacos de hortalizas, ganado y telas brillantes, los jóvenes sueñan con escapar hacia un futuro que siempre parece estar del otro lado. Yo los observo y me reconozco en ellos: también yo viví atrapada en un espacio que me prometía salvación, pero que me negaba la libertad.

Cuando cierro los ojos, escucho todavía los rezos en coro, las letanías que repetíamos hasta que la voz se volvía mecánica. Pero junto a esos rezos, recuerdo los juegos que inventábamos para sobrevivir al tedio: pequeñas travesuras, gestos de complicidad, miradas que decían más que las palabras. Juegos que eran, en realidad, un modo de resistir.

Hoy, mientras escribo estas memorias, sé que mi voz no es solo mía. Hablo por aquellas que callaron, por aquellas que no pudieron salir, por aquellas que se quedaron atrapadas en la penumbra del convento. Esta ciudad fronteriza me ofrece el escenario perfecto: una ciudad que no pertenece del todo a nadie, que es tránsito y permanencia, que es herida y cicatriz al mismo tiempo.

Recuerdo una tarde en que, desde la ventana del convento, vi pasar una procesión en la ciudad. Los tambores resonaban, las mujeres bailaban con fuerza, los niños corrían detrás de los músicos. Yo los miraba con una mezcla de nostalgia y deseo. En el convento, la música estaba prohibida, salvo los cantos litúrgicos. Pero en la frontera, la música era vida, era resistencia, era celebración. Ese día comprendí que la frontera no era solo un lugar geográfico, sino un estado del alma.

Ahora, cada vez que camino por las calles de Ebibeyin, siento que estoy cruzando constantemente: del pasado al presente, del silencio a la palabra, de la obediencia a la libertad. La ciudad a la que hago referencia me recuerda que la vida es tránsito, y que mi historia no puede quedar encerrada en los muros de un convento.

No puedo negar lo que vi, lo que supe, lo que callé. Hubo momentos en que la inocencia se quebró, en que la fe se mezcló con la duda, en que la disciplina se convirtió en máscara de injusticia. No lo digo para escandalizar, sino para liberar. Porque la verdad, aunque duela, es la única forma de sanar.

En esta ciudad fronteriza, donde cada día es un cruce y cada noche un regreso, comienza mi relato. Yo, una monja retirada, me dispongo a contar lo que viví, lo que callé, lo que aprendí. La frontera será mi espejo, y en él se reflejarán las luces y las sombras de una vida marcada por la fe y por la duda.

El silencio era nuestra primera disciplina. No se imponía con látigos ni con gritos, sino con la fuerza invisible de la costumbre. En el convento, el silencio era una muralla más alta que cualquier muro de piedra. Nos envolvía como un hábito adicional, nos seguía como una sombra que nunca se apartaba.

Recuerdo las mañanas en que, después de la oración, caminábamos por los pasillos con los labios sellados. El eco de nuestros pasos era la única música permitida. El silencio se volvía tan denso que parecía tener peso, como si cada palabra no dicha se acumulara en el aire, presionando sobre nuestros hombros.

Había momentos en que deseaba gritar, aunque fuera una sola palabra, para romper aquella quietud que me ahogaba. Pero sabía que un grito sería un pecado, una traición al voto que nos mantenía unidas. Así aprendí a callar, a guardar dentro de mí las preguntas, las dudas y los recuerdos que me quemaban.

El convento estaba lleno de voces que nunca se escuchaban. Cada hermana llevaba dentro un mundo secreto: historias de infancia, heridas ocultas y sueños que se marchitaban en la rutina. Pero ninguna se atrevía a hablar. El silencio era la ley, y la ley era más fuerte que la verdad.

En las noches, cuando la campana marcaba la hora del descanso, el silencio se volvía más profundo. En la oscuridad, podía escuchar mi propio corazón latiendo, como si quisiera escapar de mi pecho. A veces, alguna hermana lloraba en su celda, pero lo hacía tan suavemente que sus lágrimas parecían parte del silencio mismo.

Con el pasar de los años, aprendí a leer las miradas, los gestos, los movimientos mínimos que revelaban lo que no podía decirse. Una inclinación de cabeza podía significar compasión. Un apretón de manos, solidaridad. Una sonrisa fugaz, resistencia. El silencio nos obligaba a inventar un idioma secreto, un idioma de cuerpos y de sombras. Pero el silencio también era cárcel. Nos impedía denunciar lo que sabíamos, lo que veíamos, lo que nos hería. Nos obligaba a aceptar lo inaceptable, a callar lo que debía ser gritado. El silencio era el pacto que mantenía intacta la fachada del convento, aunque detrás se escondieran grietas profundas.

Recuerdo una tarde en que una hermana joven fue reprendida por hablar demasiado durante las labores. La superiora la castigó con ayuno y oración. No era un castigo físico, pero era un recordatorio de que la palabra estaba prohibida. Desde entonces, aquella hermana apenas abrió la boca. Su voz se apagó, y con ella se apagó una parte de su espíritu.

El silencio era un sacrificio que nos pedían en nombre de la fe. Pero yo empecé a preguntarme: ¿qué fe se sostiene en el silencio impuesto? ¿Qué verdad necesita callar para sobrevivir? En Ebibeyin, la ciudad fronteriza, el silencio no existe. Aquí las voces se mezclan en el mercado, los tambores resuenan en las fiestas, los niños gritan en las calles. Aquí el bullicio es vida y la vida es libertad. Por eso, cada vez que escucho el ruido de la ciudad, siento que estoy recuperando las palabras que me fueron arrebatadas pese a mi avanzada edad.

Ahora, mientras escribo estas memorias, rompo el silencio que me acompañó durante tantos años. Cada palabra que pongo en el papel es un acto de liberación. Sé que no puedo cambiar el pasado, pero puedo nombrarlo. Y al nombrarlo, puedo darle un sentido nuevo. El silencio del convento fue mi cárcel, pero también fue mi escuela. Aprendí a escuchar lo invisible, a leer lo oculto, a comprender que detrás de cada silencio hay una historia que espera ser contada.

Hoy, en esta ciudad fronteriza, decido contar esas historias. Decido romper el pacto del silencio. Decido que mi voz, aunque temblorosa, será más fuerte que el miedo.



Letra de SAKUL NSONO 

miércoles, 7 de enero de 2026

Romance Africana, un rincón literario en el corazón de Guinea Ecuatorial

Descubra el nuevo rincón literario de Guinea Ecuatorial en la librería Romance Africano

El pasado 27 de diciembre de 2025, Romance Africaine celebró la gran inauguración de su sección Librería, un espacio único que abrió sus puertas en la tienda Casa Zahara, frente al colegio María Cano en Sampaka II.  

Romance Africaine ofrece un horario flexible para los amantes de la lectura. De 10:00 a 15:00, los visitantes pueden sumergirse en un catálogo vibrante que reúne:  

- Cómics en portugués, francés y español  

- Libros infantiles en inglés  

- Novelas juveniles, ensayos y poesía  

- La primera recopilación de relatos cortos de los autores de Romance Africano  

Entre los nombres destacados en esta velada, figuraban los colectivos y escritores locales como Hablamos Guinea y Cristian Eteo Botau, voces africanas que enriquecen la propuesta.  

La apertura contó con la presencia de la reconocida autora María Jesús Evuna Andeme, una joven voz referente de la literatura juvenil y fantástica, y promotora de la Semana del Libro y la Cultura en Guinea Ecuatorial.  

A través de su plataforma digital romanceafricaine.com, Romance Africaine reafirma su compromiso con la difusión de textos contemporáneos, permitiendo que lectores y autores conecten y compartan historias al instante.  

Todos los libros están disponibles para la venta. Este rincón no solo es un escaparate cultural, sino también una oportunidad para adquirir obras únicas y apoyar a los creadores locales.  

¿Eres autor o editorial?

Tu obra también puede formar parte de este proyecto. ¡Contáctanos y únete a la misión de dar visibilidad a la riqueza literaria de nuestra región y más allá!  

Póngase en contacto con nosotros a través de los siguientes contacto: 

Teléfono: +240 555 371 394 

Correo: laromanceafricaine@gmail.com

sábado, 1 de noviembre de 2025

¿Qué dices loco?

Lo trajeron una mañana sin sol, como si el cielo supiera que no merecía ceremonia. Flaco, con los ojos perdidos en algún lugar que nadie alcanzaba, caminaba como quien no espera nada. No saludó. No pidió nada. Solo se sentó en el rincón más oscuro del barracón y empezó a murmurar.  

—¿Qué dices, loco? —le preguntó un joven de 22 años, un ladrón de poca monta que cumplía condena por robo a mano armada. El tipo estaba más perdido que un fumador de iboga en su despertar matutino, tras las ceremonias y rituales de buti

—Estoy hablando con el aire. Él sí me escucha.  

Desde el primer día, supimos que no encajaba. No por su aspecto, sino por su lengua. No hablaba bien. O mejor dicho: hablaba demasiado, pero mal. Cada palabra suya era una piedra lanzada sin dirección. Grosero sin intención, ofensivo sin cálculo. Decían que no sabía razonar. Que no entendía las reglas. Que insultaba sin saber que insultaba. Pero yo, que lo observaba desde el catre de arriba, empecé a notar otra cosa.  

Su lengua era torpe, sí. Pero también era otra cosa. Un idioma que no cabía en los moldes del juez ni en los pupitres de la escuela. Una mezcla de proverbio, insulto y poesía rota.  

El comisario, un hombre de 57 años que hacía el papel del juez, lo llamó bestia y torpe, cuando lo juzgó en su pequeña oficina de la comisaría de Mondoasi.

Tras el improvisado juicio, fue trasladado a la cárcel pública, dónde los guardias lo golpeaban, no tanto por sus delitos, sino por su lengua afiliada. Los internos lo evitaban por miedo. Pero yo empecé a escribir lo que decía. Y descubrí que su locura era un idioma que nadie quiso aprender.  

Decían que en su juicio, no supo defenderse. Que cada palabra suya era una ofensa al comisario. Escuché a un guardia comentar a su compañero que el dijo: 

—Si me preguntan si robé, diré que sí. Pero si me preguntan por qué, tendrán que escuchar mi historia.  

Dicen que el ayudante del comisario se estalló en risas pero lo mandaron a callar de inmediato.  

El guardia repetía una y otra vez a su compañero que aquel joven era lo peor que uno podía encontrase en las calles de Bata. Comentó, finalmente, que lo condenaron por desacato, por grosero, por peligroso. Pero nadie escuchó su relato. Nadie leyó sus metáforas. Nadie entendió que su lengua no era arma, sino espejo.  No hubo un juez. No hubo un juicio, solo un comisario, un delito y una escusa.

Con él pasamos dos semanas y en una noche, se fue. Nadie sabe si lo trasladaron o si se evaporó. Solo quedó su catre vacío y una frase escrita con sangre en la pared:  

“No me entiendan”  


Historias jamás contadas 
Por: Sakul NSONO 
Bata: 6 de octubre 2025

martes, 28 de octubre de 2025

TERRAZA LITERARIA UN ENCUENTRO DE UNIÓN ENTRE AMANTES DE LA LITERATURA



UN REENCUENTRO MEZCLADO ENTRE TERROR, MIEDO Y LO DESCONOCIDO QUE REUNE A ESCRITORES, LECTORES Y AMANTES DE LA LITERATURA.

La Terraza Literaria es un espacio de lectura que reúne a los amantes de la literatura de la ciudad de Bata, un encuentro coordinada por la profesora Aurora, donde escritores y lectores comparten lo más íntimo de la magia literaria. Un espacio que tiene como única finalidad, promover la cultura literaria en la sociedad. 

Cumpliendo con la tradición, la filosofía de la que fue creada dicho espacio y la dinámica que ya caracteriza este encuentro literario, en la tarde del martes, 28 de octubre, se ha llevado a cabo la primera de las muchas sesiones de este nuevo ciclo académico.  

Cuando el reloj de la gran torre de Bata marcaba las 17 horas y los rayos del sol ardiente de la ciudad costera empezaban a iluminar las calles con menos intensidad de lo acostumbrado, anunciando de esta manera un atardecer sin tormentas ni lluvias, quince jóvenes de ambos sexos se han concentrado en la azotea del centro cultural de España en Bata para asistir al encuentro que ya tienen grabada en la piel. La temática de la tarde giraba entorno al terror, el miedo y/o lo desconocido. Durante las intervenciones de los lectores se han destacado obras como Frankenstein (Mary Shelley), Fin de curso (Mariana Enriquez), Variaciones sobre un tema dado (Ana Blandiana), La dama de la moneda (Noé), Desahogo (Urbano Nzambi), Obra (Pascual Ángeles Aguiles y Así soy yo (King Desy Esono). 

Todas estas obras, unidas por la temática, han infestado o creado una atmósfera de sensaciones grises, comentarios vivos, historias y sucesos jamás contados en público; pues, las obras encerraban temas de interés como los estereotipos, el yo interior, la avaricia, la desilusión, entre otros. 

La actividad llegaba a su fin con las intervenciones de los autores presentes, quienes han explicado los reales propósitos de sus obras como tono de aclaración a las dudas suscitadas en sus creaciones durante la lectura. Por último, las palabras de la profesora Aurora Reino, haciendo entrega de libros y bolsos con el sello de Terraza Literaria a los participantes, daba punto final a la primera terraza de este año escolar.



miércoles, 8 de octubre de 2025

Resistencia artística.

Resistencia Artística, un proyecto que convierte el cuerpo en archivo, en herramienta, en grito.

En los márgenes del asfalto y la memoria, en una finca de Bata donde el silencio aún guarda los ecos de danzas ancestrales, se ha gestado un movimiento que desafía la inercia cultural: Resistencia Artística, un proyecto que convierte el cuerpo en archivo, en herramienta, en grito. 
Durante los meses de diciembre y enero 2023/2024 respectivamente, artistas locales se reunieron bajo la guía del actor y rapero Russo Nnandong para explorar la creación desde lo corporal, lo ritual y lo comunitario. El proyecto, titulado “Creación del cuerpo reflexivo”, no fue un simple taller, sino una residencia viva, un laboratorio de pensamiento encarnado. Allí, la danza se entrelazó con la poesía, el teatro con la música, y la reflexión con el sudor. 
El objetivo era claro: profesionalizar a los artistas de Bata, no desde la imposición de modelos externos, sino desde la recuperación de sus propias raíces. Se trabajó con danzas patrimoniales de las distintas etnias de Guinea Ecuatorial en diálogo con la danza contemporánea. El resultado fue una pieza colectiva titulada “Resistir”, presentada públicamente como testimonio de un proceso que no busca la perfección, sino la verdad. 
Más allá de la escena, Resistencia Artística se proyecta como una serie audiovisual que documenta el proceso creativo, los desafíos y las voces que lo configuran. El capítulo piloto, disponible en YouTube, es una ventana a la intimidad de la creación, al pulso de una generación que no se resigna. 
https://www.youtube.com/watch?v=d-K2SJh6Vss&t=82s.

Este proyecto no es un evento aislado, sino parte de una corriente que recorre Bata como un río subterráneo: jóvenes que escriben, que bailan, que filman, que sueñan. Es la resistencia de quienes entienden el arte como herramienta de transformación, como espacio de encuentro, como acto político. 
En un país donde la cultura muchas veces se vive en los márgenes, Resistencia Artística es una afirmación: el cuerpo es territorio, la memoria es potencia, y la creación es un derecho.
Desde finales de dos mil veintitrés han trabajado en dos vertientes concretas la creación del cuerpo reflexivo y la incubadora musical siendo esta última, junto al Centro Cultural de España en Bata, creadores del Moa' Mboka Fest o dicho de otra manera, la fiesta de todos los hijos e hijas del pueblo. Una referencia en el panorama actual de Guinea Ecuatorial.

Resistencia Artística sigue, y actualmente está trabajando en un espectáculo interdisciplinar titulado “Volar” en el que aborda la temática de “Derecho Digital” una apuesta que pretende recorrer diferentes escenarios de la región continental en fechas próximas.







sábado, 4 de octubre de 2025

Sonetos al 12 de octubre














De la Ceiba Despierta


La ceiba vieja guarda en su corteza  
el eco antiguo de un dolor callado,  
pero en su savia late el nuevo estado,  
la voz que brota libre, sin tristeza.  

Guinea, tu raíz es fortaleza,  
tu cielo es canto nunca silenciado,  
y aunque el ayer nos duela en lo sembrado,  
hoy florece la luz con firmeza.  

Doce de octubre, umbral de la memoria,  
día en que el alma alzó su dignidad,  
rompiendo el velo gris de la historia.  

Y en cada pecho vive la verdad:  
somos la tierra, somos nuestra gloria,  
somos futuro, lucha y voluntad.


A los Padres Fundadores


Forjaron patria con la voz alzada,  
con sangre, con palabra y resistencia,  
rompiendo el cerco cruel de la obediencia  
para sembrar justicia en la jornada.  

Sus nombres son raíz en la enramada,  
memoria viva, llama en la conciencia,  
y aunque el poder les negó la presencia,  
su huella es luz en tierra liberada.  

No fueron dioses, fueron voluntad,  
hombres de carne, sueño y dignidad,  
que dieron forma al grito soberano.  

Hoy, doce de octubre, su verdad  
renace en cada pecho ciudadano:  
Guinea les honra, libre y soberana.



Letra de Luis NSUE MIA

jueves, 2 de octubre de 2025

Entrevista a Anita Hichaicoto Topapori

Escribir para sanar, denunciar y transformar.

En Guinea Ecuatorial, donde la literatura sigue siendo un espacio en disputa y donde ser mujer escritora supone enfrentar prejuicios, silencios y estructuras patriarcales, la voz de Anita Hichaicoto Topapori emerge con fuerza propia. Escritora, comunicadora social, feminista y activista por los derechos humanos, Anita ha hecho de la palabra un arma de memoria, denuncia y esperanza.

Su trayectoria, marcada por obras como Sollozos de mujer, esperanza de corazón y El Testimonio de Cenat, refleja un compromiso profundo con la vida de las mujeres africanas, sus heridas y sus resistencias. En esta conversación, nos comparte sus orígenes, su visión de la literatura y su apuesta por transformar la tradición desde dentro.


Identidad y origen

1. ¿Cómo influyó tu infancia en Malabo en tu sensibilidad literaria y social?

Mi infancia en Malabo fue un escenario de contrastes: el silencio impuesto por el patriarcado y, al mismo tiempo, la resiliencia de mujeres que, aun con cadenas, encontraban maneras de resistir. Esos contrastes me enseñaron a escuchar lo que se calla y a darle voz en mi escritura.

2. ¿Qué recuerdos guardas de tus primeros acercamientos a la escritura? ¿Fue un acto íntimo, político o ambos?

 Empecé a escribir como quien busca refugio en medio de la tormenta. Era un ejercicio íntimo, pero pronto descubrí que toda intimidad en mi contexto era también política. Escribir era desobedecer, cuestionar lo que se esperaba de mí y de las mujeres de mi entorno.

3. ¿Qué significa para ti ser mujer escritora en Guinea Ecuatorial hoy?

 Significa resistir, abrir camino y demostrar que la palabra femenina es imprescindible en la construcción de la memoria colectiva. Ser escritora en mi país es desafiar un espacio que nunca fue pensado para nosotras y, aun así, ocuparlo con determinación.


Escritura y visión literaria

4. Tu obra Sollozos de mujer, esperanza de corazón ha tocado muchas fibras. ¿Cómo nació ese libro?

Nació de la urgencia de testimoniar. No quería que las historias de tantas mujeres quedaran en el olvido. Elegí la novela corta como formato accesible, porque en Guinea la lectura aún no es un hábito extendido. Cada personaje es un espejo de realidades que conocí de cerca.

5. ¿Qué cambios hiciste en la segunda edición y por qué?

La primera edición tuvo errores que restaron fuerza al mensaje. En la segunda trabajé con más calma y experiencia: profundicé en los personajes, pulí la estructura y cuidé cada detalle. Fue una manera de honrar a las mujeres que me inspiraron.

6. ¿Cómo defines tu estilo literario? ¿Te identificas con alguna corriente o prefieres romper moldes?

 Mi estilo es testimonial y experiencial. Escribo desde lo vivido, lo escuchado, lo heredado. No me interesa encajar en corrientes predefinidas; prefiero romper moldes y crear un lenguaje propio, que combine la oralidad africana con la escritura literaria.

7. ¿Qué papel juega la oralidad fang o bubi en tu escritura, si alguno?

La oralidad bubi es mi raíz. Crecí escuchando proverbios y relatos en círculo, alrededor del fuego. Esa cadencia oral atraviesa mis textos: escribo no solo para narrar, sino para invocar, para mantener viva una memoria que la colonización intentó silenciar.


Activismo y feminismo

8. Has sido muy activa en la defensa de los derechos de las mujeres. ¿Cómo se entrelazan tu escritura y tu activismo?

Son inseparables. La literatura me da palabras; el activismo me da acción. Mis libros son un altavoz político, y mi militancia se nutre de la fuerza simbólica de la literatura. Cuando una lectora se reconoce en mis páginas, ya hemos comenzado a transformar el mundo.

9. ¿Qué obstáculos enfrentan las mujeres escritoras en Guinea Ecuatorial, y cómo los superas?

El mayor obstáculo es la invisibilidad: publicar cuesta mucho, y cuando lo logramos, nuestra voz suele ser subestimada. Lo enfrento con sororidad y redes: nunca escribo sola, me apoyo en otras y busco abrir caminos colectivos.

10. ¿Crees que la literatura puede cambiar estructuras sociales? ¿Has visto ejemplos concretos?

Sí. Tal vez no derribe gobiernos, pero cambia conciencias. He visto mujeres leer Sollozos de mujer y decirme: “esta historia también es la mía”. Ese acto de reconocerse ya es una grieta en el sistema que nos oprime.


Edición, publicación y futuro

11. Has hablado abiertamente sobre los desafíos de publicar en Guinea. ¿Qué consejos darías a jóvenes escritores que quieren publicar?

Que investiguen antes de elegir una editorial, que cuiden su propiedad intelectual y que no se apresuren. Publicar no es solo imprimir, es pensar en la vida de un libro más allá del entusiasmo inicial. Y, sobre todo, que busquen acompañamiento: escribir es un acto solitario, publicar no debería serlo.

12. ¿Qué importancia tiene el acompañamiento editorial en el proceso creativo?

Es fundamental. Un buen editor no solo corrige, sino que ayuda a afinar la voz del autor. Para mí, el acompañamiento editorial es un acto de respeto hacia la obra y hacia el lector.

13. ¿Qué proyectos literarios o sociales estás desarrollando actualmente?

Trabajo en un ensayo titulado Karityöbó. Voces femeninas desvelan un entramado patriarcal, fruto de entrevistas a liderezas bubis invisibilizadas por la historia oficial. Al mismo tiempo, coordino talleres con mujeres migrantes en el País Vasco, donde la literatura se convierte en un espacio de sanación y empoderamiento.

14. ¿Sueñas con una red de escritoras africanas en español? ¿Cómo la imaginas?

 Sí, la imagino como un tejido horizontal, sin jerarquías, donde podamos acompañarnos, publicar y pensar juntas el español como lengua africana. Sería una red de resistencia, de creación y de memoria compartida.

Cierre

15. Si tuvieras que elegir una frase que defina tu camino como escritora, ¿cuál sería?

“Escribir para sanar, denunciar y crear mareas de cambio social”. Esa frase condensa mi propósito: convertir la herida en palabra y la palabra en futuro.

16. ¿Qué mensaje te gustaría dejar a las jóvenes que están empezando a escribir desde la periferia, desde el silencio?

Que no esperen validación. Que entiendan que cada palabra escrita desde la periferia es un centro nuevo en el mapa del mundo. Que conviertan el silencio en semilla y lo hagan florecer en páginas que incomoden, que incomoden mucho, porque solo lo que incomoda puede transformar.


La frontera

La frontera siempre fue un reflejo turbio del verdadero ambiente que se desarrolla aquí. Con sus calles polvorientas y su aire de tránsito y...